SEMANA DEL 11 al 15 de Febrero
Tema: textos narrativo.
TEXTOS NARRATIVOS
Definición
Un texto narrativo es una forma de expresión que cuenta hechos o historias acontecidas a sujetos, ya sea humanos (reales o personajes literarios), animales o cualquier otro ser antropomorfo, cosas u objetos; en él se presenta una concurrencia de sucesos (reales o fantásticos) y personas en un tiempo y espacio determinados.
Dos elementos básicos de las narraciones son la acción.
Dos elementos básicos de las narraciones son la acción.
1 (aunque sea mínima) encaminada a una transformación, y el interés que se produce gracias a la presencia de elementos que generan intriga (definida ésta como una serie de preguntas que porta el texto y a las cuales la narración termina dando respuesta).
2 Las narraciones son actos comunicativos que suponen la existencia de un emisor con una intención (¿por qué narrar?) y una finalidad (¿para qué narrar?).
3 Existen narraciones literarias, cuya finalidad es eminentemente artística (por ejemplo, las presentes en cuentos, fábulas, leyendas, mitos y novelas, entre otros textos artísticos o de pretensiones estéticas), así como las narraciones no literarias, cuya finalidad es informativa (por ejemplo, noticias periodísticas, crónicas, reportajes, conversaciones en donde se relata algo, anécdotas, entre otros); en este último caso se narran hechos no ficticios.
4 Las narraciones se caracterizan por presentar de modo indispensable varios sucesos integrados por uno cuya ejecución es necesaria para producir el suceso siguiente; estos sucesos se realizan cronológicamente (por lo cual, en las narraciones predominan marcadores o sectores temporales, tales como “antes”, “después”, “al cabo de una semana”, entre otros), en una serie de progresiones lineales que determinan una construcción regida por el esquema causa/efecto. El participante en una narración (a quien denominaremos sujeto)
Actividades:
1. Escribe la intención comunicativa de los textos narrativos. 2. Relaciona las columnas. 3. Aplica los elementos de las columnas en la lectura "Diles que no maten" de Juan Rulfo y del texto 4 de Jaime Torres Bodet.
Elementos de los textos narrativos
1. Narrador
2. Acción
3. Personajes
4. Cronotropo
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( ) Efectúan o sufren la acción
( ) Hace llegar la información al lector.
( ) Qué sucedió
( )
Tiempo y lugar donde se desarrolla la obra.
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Estructura de los textos narrativos.
1. Inicio
2. Desarrollo
3. Clímax
4. Final
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( ) Momento máxima tensión de la obra.
( ) Situación final; desenlace, se da la
solución al conflicto.
( ) Situación inicial; introduce personajes,
ambientes y circunstancias que dan origen al conflicto.
( ) Suceso desencadenante; muestra el
conflicto ante la narración.
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Tipos de narrador.
1. Omnisciente
2. Protagonista
3. Testigo
4.Segunda persona
|
( ) Se expresa en primera persona del
singular, cuenta y participa de la historia.
( ) Expresa en tercera persona. Expresa lo
que ve, sienten y piensan los personajes.
( ) Suele contar su propia historia de forma
explícita.
( ) Cuenta lo que ve , no participa en los
hechos, se expresa en tercera persona.
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Tipos de personajes por su grado de
acción.
1. Principales
2.Secundarios
3. Incidentales
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( ) Apoya la actuación del personaje
principal. Su grado de acción es moderada.
( ) Contribuyen a la ambientación de la
historia. El grado de acción es muy bajo.
( ) La trama se desenvuelve en torno a ellos.
Son los de mayor grado de acción.
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Actividad.
Lee el siguiente texto y aplica los elementos y la estructura de los textos narrativas.
ESPANTOS DE AGOSTO
Gabriel García
Márquez.
Llegamos a Arezzo un
poco antes del mediodía, y perdimos más de dos horas buscando el castillo
renacentista que el escritor venezolano Miguel Otero Silva había comprado en
aquel recodo idílico de la campiña toscana. Era un domingo de principios de
agosto, ardiente y bullicioso, y no era fácil encontrar a alguien que supiera
algo en las calles abarrotadas de turistas. Al cabo de muchas tentativas
inútiles volvimos al automóvil, abandonamos la ciudad por un sendero de
cipreses sin indicaciones viales, y una vieja pastora de gansos nos indicó con
precisión dónde estaba el castillo. Antes de despedirse nos preguntó si
pensábamos dormir allí, y le contestamos, como lo teníamos previsto, que sólo
íbamos a almorzar.
-Menos mal -dijo
ella- porque en esa casa espantan.
Mi esposa y yo, que
no creemos en aparecidos del medio día, nos burlamos de su credulidad. Pero
nuestros dos hijos, de nueve y siete años, se pusieron dichosos con la idea de
conocer un fantasma de cuerpo presente.
Miguel Otero Silva,
que además de buen escritor era un anfitrión espléndido y un comedor refinado,
nos esperaba con un almuerzo de nunca olvidar. Como se nos había hecho tarde no
tuvimos tiempo de conocer el interior del castillo antes de sentarnos a la
mesa, pero su aspecto desde fuera no tenía nada de pavoroso, y cualquier
inquietud se disipaba con la visión completa de la ciudad desde la terraza
florida donde estábamos almorzando. Era difícil creer que en aquella colina de
casas encaramadas, donde apenas cabían noventa mil personas, hubieran nacido
tantos hombres de genio perdurable. Sin embargo, Miguel Otero Silva nos dijo
con su humor caribe que ninguno de tantos era el más insigne de Arezzo.
-El más grande
-sentenció- fue Ludovico.
Así, sin apellidos:
Ludovico, el gran señor de las artes y de la guerra, que había construido aquel
castillo de su desgracia, y de quien Miguel nos habló durante todo el almuerzo.
Nos habló de su poder inmenso, de su amor contrariado y de su muerte espantosa.
Nos contó cómo fue que en un instante de locura del corazón había apuñalado a
su dama en el lecho donde acababan de amarse, y luego azuzó contra sí mismo a
sus feroces perros de guerra que lo despedazaron a dentelladas. Nos aseguró,
muy en serio, que a partir de la media noche el espectro de Ludovico deambulaba
por la casa en tinieblas tratando de conseguir el sosiego en su purgatorio de
amor.
El castillo, en
realidad, era inmenso y sombrío. Pero a pleno día, con el estómago lleno y el
corazón contento, el relato de Miguel no podía parecer sino una broma como
tantas otras suyas para entretener a sus invitados. Los ochenta y dos cuartos
que recorrimos sin asombro después de la siesta, habían padecido toda clase de
mudanzas de sus dueños sucesivos. Miguel había restaurado por completo la
planta baja y se había hecho construir un dormitorio moderno con suelos de
mármol e instalaciones para sauna y cultura física, y la terraza de flores
intensas donde habíamos
Almorzado. La segunda
planta, que había sido la más usada en el curso de los siglos, era una sucesión
de cuartos sin ningún carácter, con muebles de diferentes épocas abandonados a
su suerte. Pero en la última se conservaba una habitación intacta por donde el
tiempo se había olvidado de pasar. Era el dormitorio de Ludovico.
Fue un instante
mágico. Allí estaba la cama de cortinas bordadas con hilos de oro, y el
sobrecama de prodigios de pasamanería todavía acartonado por la sangre seca de
la amante sacrificada. Estaba la chimenea con las cenizas heladas y el último
leño convertido en piedra, el armario con sus armas bien cebadas, y el retrato
al óleo del caballero pensativo en un marco de oro, pintado por alguno de los
maestros florentinos que no tuvieron la fortuna de sobrevivir a su tiempo. Sin
embargo, lo que más me impresionó fue el olor de fresas recientes que
permanecía estancado sin explicación posible en el ámbito del dormitorio.
Los días del verano
son largos y parsimoniosos en la Toscana, y el horizonte se mantiene en su
sitio hasta las nueve de la noche. Cuando terminamos de conocer el castillo
eran más de las cinco, pero Miguel insistió en llevarnos a ver los frescos de
Piero de ella Francesca en la Iglesia de San Francisco, luego nos tomamos un
café bien conversado bajo las pérgolas de la plaza, y cuando regresamos para
recoger las maletas encontramos la cena servida. De modo que nos quedamos a
cenar.
Mientras lo hacíamos,
bajo un cielo malva con una sola estrella, los niños prendieron unas antorchas
en la cocina, y se fueron a explorar las tinieblas en los pisos altos. Desde la
mesa oíamos sus galopes de caballos cerreros por las escaleras, los lamentos de
las puertas, los gritos felices llamando a Ludovico en los cuartos tenebrosos.
Fue a ellos a quienes se les ocurrió la mala idea de quedarnos a dormir. Miguel
Otero Silva los apoyó encantado, y nosotros no tuvimos el valor civil de
decirles que no.
Al contrario de lo
que yo temía, dormimos muy bien, mi esposa y yo en un dormitorio de la planta
baja y mis hijos en el cuarto contiguo. Ambos habían sido modernizados y no
tenían nada de tenebrosos. Mientras trataba de conseguir el sueño conté los
doce toques insomnes del reloj de péndulo de la sala, y me acordé de la
advertencia pavorosa de la pastora de gansos. Pero estábamos tan cansados que
nos dormimos muy pronto, en un sueño denso y continuo, y desperté después de
las siete con un sol espléndido entre las enredaderas de la ventana. A mi lado,
mi esposa navegaba en el mar apacible de los inocentes. "Qué tontería -me
dije-, que alguien siga creyendo en fantasmas por estos tiempos". Sólo
entonces me estremeció el olor de fresas recién cortadas, y vi la chimenea con
las cenizas frías y el último leño convertido en piedra, y el retrato del
caballero triste que nos miraba desde tres siglos antes en el marco de oro.
Pues no estábamos en la alcoba de la planta baja donde nos habíamos acostado la
noche anterior, sino en el dormitorio de Ludovico, bajo la cornisa y las
cortinas polvorientas y las sábanas empapadas de sangre todavía caliente de su
cama maldita.
Actividad.
Lee el siguiente texto y aplica los elementos y la estructura de los textos narrativas.
Actividad.
Tipo de narrador:
Clasificaciòn de personajes:
Espacio fìsico:
Espacio psicològico:
Clasificaciòn de los tiempos:
Actividad.
Lee el siguiente texto y aplica los elementos y la estructura de los textos narrativas.
Tipo de narrador:
Clasificaciòn de personajes:
Espacio fìsico:
Espacio psicològico:
Clasificaciòn de los tiempos:
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